8 de septiembre de 2015

[ENTREVISTA] Pablo Alborán: «Han hecho quince horas de vuelo para verme dos horas y volverse»


Es difícil pillarle en un renuncio. Pablo Alborán (Málaga, 1989) tiene alma, no solo de músico, sino de estrella. De las que lo son por no terminar de creérselo.

-Lo que más le gusta de Galicia...
-Se come que te mueres. La gente me encanta porque hay buenas energías, buen rollo. Tengo familia y amigos en Pontevedra y A Coruña, y siempre que voy pasan cosas bonitas.

-¿Sabe todos los días dónde se despierta?
-Me ha pasado más lo de confundirme de hotel. El otro día me desperté y sabía que estaba en... ¿dónde estaba?... en Albacete, pero mi mente estaba en el hotel del día anterior. Me levanté para hacer pipí y me di un castañazo... pensaba que había un pasillo, y no, había un muro de piedra y me di con la luz apagada. Y me ha pasado de no saber en qué ciudad estamos. En esta gira me prometí que no pasaría, porque eso quiere decir que dejas de disfrutar y que entras en la monotonía.

-¿Qué es lo que más ha cambiado en su vida desde el 2011?
-Todo, absolutamente todo. Los tres primeros años no hacía más que decir «todo está absolutamente igual». Mentira. Ha cambiado absolutamente todo, porque el ritmo de trabajo ha hecho que mi vida girara en torno a él. Si no estuviera dedicándome a esto estaría en la universidad estudiando Publicidad o Psicología, soñando constantemente con dedicarme precisamente a lo que trabajo ahora, y estaría muy frustrado y muy triste.

-¿Qué es lo que peor lleva de la fama? Siempre hay una cara b.
-Hay veces que la gente se olvida de que soy un chico normal, y tengo los mismos problemas que una persona de la calle. Tengo 26 años. También se me puede morir alguien o me puedo poner enfermo. A veces la gente piensa que eres de cera, y que todo es perfecto, y no.

-¿Es fácil mantener los pies en la tierra cuando se es el amor platónico de miles de mujeres y el ídolo de miles de hombres?
-Si, porque yo no me creo ni la mitad de eso. Tengo la conciencia muy tranquila, pero mis necesidades son muy normales, a pesar de que mi vida no lo sea. Y me hacen feliz cosas muy básicas.

-¿Cómo qué?
-Irme al campo, plantar tomates o irme a la playa. Bañarme en el mar sin que haya problemas, como uno más, para mí ya es el lujo padre.

-Una película
-Por un lado, La vida es bella y, por otro, La vida de los otros.

-Un libro
-El sueño de Alicia, de Punset. O Musicoterapia, de Bellinzona.

-¿Podría describir su vida en el título de una canción?
-Un momento en el sonido, de Vicente Amigo. No me preguntes la explicación [risas].

-¿Qué se van a encontrar quienes vayan a su concierto del vienes en Pontevedra?
-Es un concierto de dos horas en donde pasa de todo, literalmente. He puesto a bailar a todos mis músicos, me quieren matar.

-Alguna locura de fans.
-Se han metido en mi habitación del hotel, en el maletero de un coche, contrataron una avioneta con un cartel gigante que se paseaba por todo Viña del Mar, en Chile, dándome las gracias, le han puesto mi nombre a una estrella y han hecho viajes de 15 horas de vuelo para verme dos horas y volver a Chile.

Fuente: La Voz de Galicia

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